sábado, agosto 22, 2026

AC Shelby Cobra 427 S/C 1966 de GLM









Resulta inevitable que los grandes nombres de la historia del automovilismo hayan terminado rodeados de halos de leyenda y romanticismo. El caso de Carroll Shelby no está ni mucho menos exento de ello: su nombre está tan íntimamente ligado a la industria de su país como a la competición internacional. Y como colofón, hay una película que lo retrata y relata su papel determinante en un episodio muy popular de la historia del automóvil.

Carroll Shelby se alistó en la Fuerza Aérea de EEUU tras finalizar sus estudios elementales y ello le llevó a ser instructor de vuelto y piloto en plena II Guerra Mundia. Tras la contienda y licenciarse como teniente  emprendió diversos negocios: basura, petróleo y cría de aves de corral, pero no tuvo éxito en ninguno. Shelby compaginaba su trabajo con su afición al automovilismo donde tomó parte en diversas categorías, siendo lo más remarcable su participación en el entonces joven Mundial de F1 con el modesto equipo de Aston Martin, siendo su mejor clasificación un cuarto puesto en el GP de Italia de 1958. Su gran momento llegó cuando Aston Martin le alineó en uno de sus DBR1 oficiales para disputar las 24 Horas de Le Mans de 1959 junto a Roy Savadori: ganaron la carrera y fue cuando el tejano decidió que dedicaría su vida al automovilismo. Ni siquiera un infarto que sufrió en octubre de ese mismo año le alejó de sus planes, pues tenía un plan B. No podía pilotar por prescripción facultativa pero sí podía ser jefe de equipo. Dicho y hecho, fundó Shelby American y su leyenda solo había hecho más que comenzar.

Fijó sus objetivos en las carreras del SCCA -Sport Car Championship of America- y decidió construir su propio coche de competición. En muchas ocasiones se atribuye a Carroll Shelby ser el primero en fabricar un automóvil usando un chasis europeo y aparejándole un potente motor V8 americano pero no es exactamente así. De hecho, Shelby entendió que el mejor vehículo para disputar la SCCA sería la fórmula anteriormente mencionada porque ya él había participado en carreras a bordo de un vehículo de dichas características, concretamente un Allard, y es que el británico Sydney Allard unos años antes ya había empleado motores V8 del otro lado del Atlantico en sus coches.

Carroll Shelby encontró al socio perfecto en la pequeña firma británica AC Cars, que le suministró los efectivos y ligeros chasis de su deportivo Ace. La primera opción que Shelby barajó para los motores a emplear fue Chevrolet, pero GM no accedió a ello porque supondría un conflicto de interés para los equipos que tomaban parte en la SCCA con sus Corvette. Por tanto, la siguiente opción fue Ford, y lo que no se imaginaba Shelby es cómo su destino quedaría ligado a la firma del óvalo azul en diferentes proyectos. 

En 1961, Shelby envió al Reino Unido en principio una partida de motores Ford V8 260 con los que se hicieron pruebas y una primera tirada de 50 coches terminados. Finalmente los modelos definitivos equiparon el Windsor 289 de 4.7 litros con 310 CV de potencia. Gracias al trabajo de Alan Turner, ingeniero jefe de AC Cars, que se ocupó de consumar a la perfección el matrimonio entre el chasis del AC Ace con el motor Ford V8, había nacido una leyenda del motor, el AC Cobra 289.

Entre 1961 y 1963 los AC Cobra 289 gozaron de éxito en las carreras del SCCA gracias al tándem de Shelby con Ken Miles, su íntimo colaborador, piloto y mecánico a la sazón. En 1963 sus coches comenzaron a perder terreno frente a otros competidores como Ferrari o los Corvette. Había que hacer algo.

En 1963 el equipo de Carroll Shelby se puso manos a la obra en el desarrollo de una nueva versión más potente del AC Shelby Cobra, que sería la tercera generación o MK III. En esta ocasión Ford se involucró por derecho en el proyecto. La idea era equipar el coche con un motor V8 de 427 pulgadas cúbicas o 7.0 litros. Para ello, la gente de AC en Reino Unido se vio obligada a efectuar importantes modificaciones en el chasis del AC Ace, que casi conllevaron a rediseñarlo de nuevo dado que la inclusión del nuevo motor obligaba a realizar importantes labores de refuerzo, incluyendo una nueva suspensión. 

Las modificaciones efectuadas en el chasis, así como la adopción de nuevos radiadores y neumáticos más anchos obligaron igualmente al rediseñar la carrocería y dotarla de unos pasos de rueda más grandes y abultados. El Cobra había perdido el aspecto grácil y estilizado heredado del AC Ace del que derivaba, pero ahora era mucho más musculoso y sexy. El motor de 7.0 litros iba equipado con un carburador Holley de cuatro cuerpos y de serie lograba 430 CV de potencia, que le permitían realizar el 0 a 60 MpH en 4,3 segundos y 265 Km/H. En los modelos de competición la potencia se elevaba a los 490 CV y la velocidad máxima ascendía a 285 Km/H. En ambos casos, todo ello se transmitía a las ruedas traseras y al suelo gracias a una caja de cambios  de cuatro velocidades Syncromesh firmada por el especialista Borg-Warner. Estas cifras hay que ponderarlas en el contexto de los años 1965-1966.

Fue precisamente a finales de 1964 y principios de 1965 cuando el nuevo AC Shelby Cobra 427 entra en producción, pero aquí llega la paradoja: ni un coche deportivo tan espléndido y brutal como se intuía sobre el papel tuvo las ventas y respuesta comercial deseadas, ni pudo homologarse para competición, por lo que ni el mismo equipo oficial Shelby American lo llegó a poner en pista. Así pues unas 31 unidades con especificaciones de carreras fueron puestas a la venta bajo la denominación S/C, Semi Competition. Hoy día son las más buscadas por los coleccionistas y sus precios en subastas llegan a cantidades estratosféricas de incluso siete cifras. En los años 70 sí hubo equipos de carreras privados que compitieron con el Cobra 427.

Los malos resultados económicos del AC Shelby Cobra 427 o MK III llevaron a Carroll Shelby a interrumpir su producción en 1967 y poner fin a su excelente relación con AC Cars. Shelby se centró en otros menesteres como sus preparaciones tomando como base el Ford Mustang, o el desarrollo del Ford GT40 para las 24 Horas de Le Mans. En Reino Unido, AC Cars siguió vendiendo el 289 aunque ya sin la denominación Shelby. Igualmente, aprovecharon el motor 427 para un nuevo deportivo con carrocería de Pietro Frua, aunque esa es ya otra historia. 

El AC Shelby Cobra 427 es uno de los vehículos más reproducidos en el mercado de las réplicas, tanto, que el propio Shelby, años después volvió a ponerlo en producción, con estética similar, pero con mejoras mecánicas.

Hay coches que los fabricantes de miniaturas y modelos a escala han reproducido hasta la saciedad y al AC Shelby Cobra 427 lo podemos incluir en ese grupo. Por mi filosofía de coleccionista siempre he huido de este tipo de modelos, pero como es lógico también he hecho multitud de excepciones, y es que tener una miniatura de calidad y bien reproducida de un vehículo popular también me resulta interesante. En un principio cuando vi anunciado el Cobra 427 de GLM no me vi tentado de su adquisición, pero cuando vi el video del canal de Youtube de mi amigo John Kuvakas cambié de opinión. Fue también difícil decidir por cuál de las tres variantes de color disponibles -burdeos, negro y azul con rayas- y finalmente me decanté por el clásico azul con bandas blancas tan típico de los coches de Carroll Shelby. La miniatura de GLM me parece una realización soberbia, correcto en formas y proporciones y con un acabado realmente espectacular que justifica con creces su precio. Quizás el mejor Cobra 427 que hoy día puede encontrarse fácilmente en el mercado de la escala 1/43. Una miniatura de un coche muy popular que muchos obviarían adquirir en una marca premium, pero que merece mucho la pena y no va a defraudar a nadie. 

jueves, agosto 13, 2026

Rolls Royce Phantom I Springfield Brewster Newmarket #S201PR 1931 de Neo Scale Models










Históricamente y hasta hace bien poco, Estados Unidos fue el primer mercado para los automóviles de lujo. De hecho, hubo un tiempo en que solo las exportaciones a Estados Unidos constituían un montante superior a las ventas conjuntas del resto del mundo para estos productores. No obstante, los altos costes derivados de los aranceles y el transporte de las mercancías por barco a través del Atlántico hizo que muchos de estos fabricantes estableciesen centros de producción en Estados Unidos, y uno de ellos fue Rolls Royce.

En 1919 se establece en Springfield, Massachussets, la sociedad Rolls Royce of America Inc, resultando elegida esta localidad por sus beneficios logísticos. La fábrica Rolls Royce de Springfield, establecida sobre una antigua factoría de la American Wheel Wire Company, inicia su actividad en 1920 y en 1921 salen los primeros chasis de la línea de montaje. En 1925 Rolls Royce presenta el sustituto del Silver Ghost, su buque insignia, bajo la denominación New Phantom, que a posteriori sería conocido como Phantom I.

Un año después, en 1926, se producen dos hechos notables que afectan a la división del otro lado del Atlántico: por una parte, la absorción por parte de Rolls Royce of America de la Brewster Coachwork & Co, firma carrocera con sede en Nueva York; y, por la otra: comienza la producción en Massachussets del Phantom I.

Existen notables diferencias entre los Phantom I producidos a uno y otro lado del Atlantico y para diferenciarlos bien Rolls Royce denominó a los coches fabricados en suelo americano como Phantom I Springfield, mientras que los modelos salidos de las líneas de montaje de Derby eran Phantom I a secas. Otras características propias de los Phantom I Springfield era el indicador de combustible en el cuadro de mandos; un sistema de lubricación centralizado Bijur o caja de cambios de tres velocidades. La carrocería estándar tenía la misma longitud en ambos mercados, pero la de batalla larga era algo más corta en los Springfield. 

Rolls Royce of America ofrecía el Phantom I Springfield con carrocería Brewster, pero el cliente siempre tenía la última palabra. Otra firma estadounidense que carrozó unidades del Phantom I Springfield fue Locke. Tanto los Phantom I Springfield como los Derby equipaban el motor de seis cilindros en línea de 7.668 cc, cuya potencia rondaba los 100 CV.

La miniatura realizada por Neo Scale Models que protagoniza esta entrada es una réplica del Phantom I Springfield con número de chasis S201PR, un ejemplar fabricado en 1931 con carrocería tipo Newmarket All-Weather Sedan firmada por Brewster. Luce un acabado bicolor negro sobre amarillo con algunos detalles en rojo e interior en piel de color beige claro. De en torno a 1.700 Phantom I Springfield fabricados, unos 60 llevaron la carrocería  Newmarket All-Weather Tourer de Brewster. 

El extinto fabricante de miniaturas Neo Scale Models contó con una magnificas referencias de Rolls Royce de preguerra en su catálogo. Algunas de ellas ya pasaron por el blog y en esta nueva entrada recupero una más que en su día no pude conseguir. Desde hace algún tiempo tenía la intención de incorporar a la colección un Phantom I Springfield y más concretamente, esta referencia de Neo Scale Models. Se trata de una miniatura realizada en resina, con proporciones correctas y un acabado excelente, a lo que nos tuvo en su día acostumbrados Neo Scale Models hasta que en 2012 la firma de Países Bajos pasó a manos alemanas. Hasta hace unos años, aún podía encontrarse esta miniatura en muchas tiendas online a precio razonable, pero ya es muy escasa, he incluso en eBay es complicado de encontrar.