domingo, abril 12, 2009

DKW Monza de Starline Models







Relacionar a la marca DKW con un coche deportivo parecía algo descabellado, pero lo cierto es que hubo gente que vio las posibilidades de modificar las alegres y fiables mecánicas de tres cilindros y aprovechar las ventajas de los pequeños turismos alemanes para rallies y otras competiciones. 


En 1955 se presentó en el Salón Internacional del Automóvil de Frankfurt un atractivo pequeño coupé que en su morro lucía el emblema de los cuatro anillos del grupo Auto Union. Su aerodinámica carrocería estaba fabricada en poliéster y reforzada con fibra de vidrio y llevaba la firma de los carroceros alemanes Dannenhauer & Strauss. 

Debido a que el coche batió un rércord de velocidad en el circuito italiano de Monza a manos del piloto Günther Ahrens, DKW optó por llamarlo igual que el mítico autódromo. Después de que Dannenhauer & Strauss hubiesen fabricado 15 carrocerías para el Monza, la producción pasó a Massholder, en Wenk, que construyeron 90 carrocerías más, pero entonces la propia marca DKW decidió en 1958 suspender la producción del Monza ya que acababa de salir a la venta el modelo 1000 SP y así no hacerse autocompetencia. El motor de tres cilindros del Monza podía tener 896 o 981 cc, con potencias entre 38 y 44 CV.

Tras un precioso Munga, la marca alemana Starline Models amplía su gama de modelos DKW con un Monza no menos excelente. Y es que a las limpias, correctas y proporcionadas líneas de su molde hay que añadirle un acabado estupendo, en la línea habitual de la marca. El Monza es un coche ya de por sí bastante sencillo, con lo que la miniatura está totalmente en consonancia. Los cromados se han resuelto con pintura metalizada y los elementos ornamentales independientes básicamente son los faros y los limpiaparabrisas. El resto está moldeado sobre la carrocería y pintado. No obstante, la relación calidad-precio, una seña de identidad inequívoca de los Starline, es excelente y no cabe pedir más.

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