lunes, abril 29, 2013

Pierce-Arrow Silver Arrow de Ixo





 Pierce-Arrow era un fabricante norteamericano que desde sus inicios supo ganarse un puesto en el segmento de los coches de lujo y prestigio. Tras ser adquirida en 1933 por un consorcio de hombres de negocios de Buffalo, el vicepresidente de la compañía encargó al diseñador Philip Wright, íntimo amigo suyo, el diseño de un coche especial para la Feria Mundial de Chicago. Dado el carácter innovador y futurista de este tipo de eventos, el coche debía adaptarse bien a la idiosincrasia del mismo.

Conocido popularmente con el lema 'El coche de los años 30 diseñado para los años 40' el Pierce-Arrow Silver Arrow vio la luz como un automóvil con un aspecto muy adelantado a su tiempo destacando su elegante y sobrio diseño en forma de lágrima y con las ruedas carenadas en vez de ir colocadas en aletas independientes, recurso estético que aún no se veía en los coches de calle. El interior era muy lujoso y contaba con sus propios instrumentos para los viajeros de los asientos de delante y para los de los asientos de atrás.

Bajo el capó montaba un enorme motor V12 de site litros de cubicaje cuya potencia se estimaba en 235 cv. Su diseño aerodinámico le posibilitaba alcanzar altísimas velocidades. En total se construyeron cinco ejemplares que fueron encargados por acaudalados propietarios que los compraron tras verlos en exposición, pero nunca se llegó a la fabricación en serie. Hoy sólo sobreviven tres.

El fabricante Ixo con su serie 'Museum' ha logrado reproducir en escala 1/43 y con un excelente acabado un fantástico elenco de automóviles de la 'Edad de Oro' y no podía faltar el futurista y aerodinámico Silver Arrow. La miniatura es especialmente llamativa por su imponente tamaño y una terminación muy elaborada y precisa, al igual que las formas de su molde. 

Minerva AL 1930 de Ixo






Asociar los términos Bélgica y automoción nos hace inmediatamente pensar en la alta competición, Jacky Ickx, el circuito Spa-Francochamps y la escudería del mismo nombre o el Rally de Lieja a Sofía son los primeros nombres que nos vendrían a la cabeza, pero sí estaríamos en un apuro al intentar recordar el nombre de algún fabricante belga de coches de serie. Y es que este país de la vieja Europa pese a contar en su territorio con plantas de fabricación y ensamblaje de marcas como Ford o Renault, lo cierto es que a día de hoy no cuenta con un fabricantes de automóviles patrio... Pero sí tuvo uno en las primeras décadas del pasado siglo XX, uno que precisamente logró mirar de tú a tú a la flor y marcas como Hispano-Suiza, Rolls Royce, Duessenberg o Bugatti, la flor y la nata del automovilismo entonces.

Bajo el nombre de Minerva, la versión romana de la Palas-Atenea, diosa de la sabiduría y el conocimiento, fue constituida la única marca de automóviles que ha visto Bélgica, siendo fundada en Amberes por el empresario holandés Sylvain de Jong. En sus primeros años Minvera se especializó en la reparación y construcción de bicicletas, para pasar luego a la fabricación de unos pequeños y exitoso autos deportivos denominados 'Minervettes'.

Fue a principios de la década de los 20 cuando Minerva comenzó con la fabricación de coches de lujo y distinción, adoptando para ello los principios de los motores tipo Sleeve-Valvles de David Knight que destacan por su bajísima sonoridad y confort de marcha. Al final de los 20 la empresa fabricaba coches de cuatro y seis cilindros y empleaba a 7.000 trabajadores. Fue entonces cuando Sylvain de Jong falleció tras una larga enfermedad.

Su hermano Jaques tomó el testigo de la dirección de la empresa y fue bajo su gestión cuando vio la luz el automóvil más espectacular y lujoso fabricado por Minerva, el tipo AL, equipado con un motor de ocho cilindros en línea realmente moderno e innovador, cuya particularidad residía en que estaba construido en una sóla pieza de acero en vez de dos unidades de cuatro cilindros unidas. Cubicaba 6,6 litros y rendía 130 cv de potencia. Dado su excepcional alto precio, sólo se construyeron 50 unidades del Minerva AL, muchas de ellas carrozadas por la empresa local Vanden Plas. Los efectos de la gran depresión acabaron con las ilusiones de la única marca de coches belga, obligando a su propietario, Jaques de Jong a venderla en 1936 a la empresa Imperia. No obstante, hoy día todos los coches que se conservan lucen con orgullo sobre su calandra el busto de Minerva, la misma Palas-Atenea que había sobre la puerta de la habitación que nos describió en su día Edgar Allan Poe en su poema 'El cuervo'.

De la mano de Ixo presento esta bonita reproducción de un Minerva AL con una elegante y sobria carrocería limousina cuya autoría no he podido identificar. El modelo pertenece a la colección 'Ixo Museum' y cuenta con el habitual buen acabado de esta llamativa serie de miniaturas. Merece la pena tenerlo sólo por ser uno de los pocos Minerva que hay en escala 1/43 y más fácil de encontrar.

Daimler Double Six 50 Córsica DHC de Ixo





La simple pronunciación del nombre Daimler nos hace evocar el amanecer del automóvil, la época de los valientes pioneros que creyeron con valentía en un medio de transporte que diera al hombre la posibilidad de la total autonomía de movimiento y poder viajar allá donde quisiera. Daimler es una de las más vetustas marcas de la historia y tiene su origen en Gran Bretaña, fabricando bajo licencia los ingenios mecánicos de uno de los inventores del automóvil, Gottlieb Daimler, lo que inmediatamente captó la atención de las mismísima realeza británica, ganándose de manera inmediata el sello 'By Appointment' que caracteriza al exclusivo elenco de los proveedores oficiales de la Casa Real Británica.

Llegada de la década de los 20 Daimler vivía un momento muy dulce en su historia con la producción de un buen elenco de coches. No obstante la aparición del Phantom de Rolls Royce hizo que el capo de Daimler, Sir Lawrence Pomeroy, decidiera plantar cara a la casa que hacía gala de fabricar 'El mejor automóvil del mundo'. Para ello comenzó con la construcción de un nuevo motor, de este modo unió dos unidades 25/85 de seis cilindros dando lugar a un monstruoso V12 de siete litros. Eran los tiempos en que los fabricantes competían por hacer la mayor de las mecánicas, con el mayor número de cilindros, la cilindrada más alta y la potencia más descomunal. Finalmente, la complejidad del motor 50 de 12 cilindro, cuyo funcionamiento de cada unidad de seis cilindros era independiente, provocó que no muchos compradores se interesaran por un auto así, por eso apenas se vendieron 10 Daimler con este motor, cada uno con su propia carrocería personalizada, tal y como debe ser en un coche de estas características.

El modelo que nos ocupa es el chasis número 30661 fabricado en 1931. Se trata del automóvil que encargó Richard Owen con una espectacular carrocería Drophead Coupé hecha por Córsica, que además tiene una peculiaridad pues equipaba un chasis extra bajo construido por Thomson & Taylor. Su motor erogaba una potencia de 150 cv. Llama especialmente la atención cómo el espectacular y llamativo diseño del Córsica DHC se desmarca bastante del aspecto habitual de los autos británicos, siempre con estilos más sobrios.

Nos encontramos ante unas miniatura realizada por Ixo, quizás el fabricante de miniaturas diecast más popular que existe en estos momentos dado que es también quien reproduce los modelos que se incluyen en los coleccionables de kiosco. En este caso se trata de un modelo de su prestigiosa serie 'Ixo Museum' dedicada a coches de la denominada 'Edad de Oro'. El modelo de diecast es especialmente llamativo y cuenta con muy buena calidad. Pese a sólo conocer el automóvil original por fotos vemos que la reproducción de Ixo está muy lograda. El acabado es muy bueno y en él vemos detalles de gran calidad como las llantas de radios hechas con material fotograbado y multitud de piezas independientes. Sólo me chirría el desproporcionado tamaño del emblema sobre el capó, que si bien el diseño es correcto, nos parece que afea un poco un conjunto realmente bueno, por lo demás, una estupenda miniatura que luce y llama la atención con mucha facilidad.

jueves, abril 25, 2013

Volvo P1800 Jensen de Neo Scale Models





 Muchos exitosos proyectos provienen de anteriores fracasos. Tras el fracaso que supuso para Volvo Cars el modelo P1900, intento de automóvil con pretensiones deportivas que sólo logró vender 68 unidades, la firma sueca no cesó en su intento y por fin dio en la tecla. En 1957 el ingeniero consultor Helmer Petterson se encargó de liderar la segunda intentona de Volvo por construir un coche deportivo.  Su hijo Pelle Petterson, que por entonces trabajaba para la empresa carrocera italiana Pietro Frua, se encargó del diseño. En un primer momento se fabricaron tres prototipos, los P958 X1, X2 y X3.

Por aquellos entonces Volvo era un pequeño fabricante por lo que Helmer Petterson condujo junto al ingeniero jefe de Volvo, Thor Berthelius, el X1 hasta Osnabruck en Alemania, concretamente al cuartel general del carrocero Karmann, que en un principio aceptó fabricar el P1800 en su línea de montaje. Pero finalmente la decisión fue abortada cuando el principal cliente de Karmann, Volkswagen, vetó la decisión prohibiendo la fabricación del Volvo en dicha empresa. Tras visitar infructuosamente a Hanomag, Drautz y NSU, los ejecutivos de Volvo abandonaron Alemania sin encontrar una factoría para fabricar su deportivo, nuevamente parecía que el destino se oponía al Volvo sport.

Helmer Petterson decidió buscar dinero para poder afrontar la fabricación del P1800 directamente desde Volvo. El proyecto era tan secreto que en la propia Volvo la mayoría de operarios no tenía conocimiento de su desarrollo. Finalmente una foto en prensa donde se veía a la perfección el logo de Volvo en uno de los coches, provocó que la firma se interesara por el proyecto, y el nuevo coche fue presentado en el Salón de Bruselas, a la par que se hizo público que sería fabricado en las infrautilizadas instalaciones de Jensen Motors en Gran Bretaña. Se firmó un contrato por 10.000 coches.

Mientras los chasis monocasco se construían en la fábrica de Pressed Steel en Linwood, Escocia, el montaje final tenía lugar en la planta Jensen de West Bromwich. El P1800 tenía un aspecto tremendamente atractivo muy influenciado por el estilo italiano de finales de los 50. Bajo el capó montaba un motor de 1,8 litros y cuatro cilindros que unido a  una caja de cambios manual de cuatro velocidades sincronizada o una automática Borg-Warner de tres lograba una velocidad de 180 Km/H. A partir de 1969 los P1800 montaron un motor de dos litros y 118 cv, adoptando la denominación P1800 S. En 1972 se ofrece la versión familiar tipo Shooting Break con su peculiar diseño siendo uno de los primeros autos deportivos con carrocería familiar junto con el Reliant Scimitar.

No obstante la verdadera fama del P1800 viene directamente de la TV, cuando comenzó a emitirse en la serie de acción y aventuras 'El Santo', protagonizada por Roger Moore, que daba vida a Simon Templar, un singular aventurero a medio camino entre ladrón, playboy y mercenario. Al principio los creadores de la serie quisieron subir a Moore en el recién estrenado Jaguar E-Type, pero precisamente esa condición de ambigüedad del personaje, entre héroe y villano, hizo que la firma de Coventry no quisiera ligar su flamante deportivo a la imagen de 'El Santo', optándose por un Volvo P1800 de la primera serie, con sus parachoques con forma de cuerno de vaca, como compañero de aventuras de Moore, un deportivo exótico y peculiar, tecnología sueca con diseño italiano y fabricación británica, para un personaje muy peculiar y divertido.

El Volvo P1800 no es una novedad en el mercado de miniaturas en 1/43, pues ya contábamos con una estupenda réplica de Minichamps que ya mostramos en su día. No obstante este que nos ofrece Neo se corresponde a los primeros modelos que llevaban el apellido Jensen de la planta donde se fabricaban y con sus peculiares parachoques de cuernos de vaca. El modelo es muy atractivo, con un molde de diseño correcto y el típico acabado muy llamativo de los modelos en resina. El color es igualmente muy propio y se trata de una serie limitada de 300 ejemplares.

sábado, abril 20, 2013

Saab 92 B de Neo Scale Models






Bajo la premisa renovarse o morir, muchas son las empresas que a lo largo de la historia tuvieron que replantearse su actividad ante las circunstancias exteriores. La Svenska Aeroplan Aktiebolaget, Saab, fue fundada en 1937 y desde el principio su labor se centró en la fabricación de aeroplanos para la Fuerza Aérea Sueca. Cuando la actividad sufrió la bajada motivada por el descenso en la demanda, el consejo de administración tomó la decisión de comenzar a fabricar automóviles.

Los directivos de Saab, como buenos y prácticos nórdicos no se complicaron mucho, y decidieron fabricar un modelo utilitario, robusto, fiable y de mantenimiento fácil y económico. Tras un primer prototipo denominado 92 001 'Ursaab', al que siguieron otros tres que cubrieron 200.000 km en las más diversas condiciones, la tarde del 25 de abril de 1947 ven la luz las primeras unidades del Saab 92, desarrollados por el equipo capitaneado por  el ingeniero Gunnar Ljungström.

Se trataba de un pequeño utilitario con una carrocería que llamaba la atención por sus líneas redondeadas que le otorgaban un coeficiente aerodinámico de 0,30, o sea similar al de autos como el Porsche 911 o el Ferrari F40. Iban equipados con un motor bicilíndrico de dos tiempos de 764 cc y 25 cv de potencia basados en un diseño de DKW. Una segunda serie que apareció en 1953 tenía portón para el maletero y el motor con 28 cv gracias a un nuevo carburador Sólex. También se ofreció una versión con techo de lona semi cabrio. La producción del 92 finaliza en 1956 tras ser sustituido por el casi similar 93.

Resulta especialmente curioso que la marca Neo Scale Models empezó en el mundo de las miniaturas con reproducciones a escala de modelos Saab clásicos y nos equivocamos al decir que se trata de una de las marcas de miniaturas que mejor cubierto tiene el catálogo de la mítica marca sueca. Uno de los últimos en llegarnos es este simpático 92 B, un modelo bien sencillo, pero con una maravillosa ejecución donde podemos ver el esmero del trabajo realizado en los pocos detalles que tenía este coche.

lunes, abril 01, 2013

Buick Century Coupé 1954 de True Scale Miniatures





Muchas firmas automovilísticas tienen la costumbre de utilizar los nombres de sus coches de forma discontinua, especialmente las tres grandes americanas, Chrysler Corporation, Ford Motor Company y la todopoderosa General Motors. Esta extraña política de mercado, de marketing que se diría ahora, sin entrar a opinar positiva o negativamente sobre ella, ha provocado a lo largo de los años confusión entre la clientela, pues es muy común que un nombre que caracterizó tiempo atrás un tipo de automóvil, ahora lo haga a otro completamente diferente.

La división Buick de General Motors rescató el nombre Century para una nueva generación de automóviles que vio la luz en 1954 después de haberla usado en el periodo 1936-1942. En este caso se empleó de un modo muy similar, para nombrar a los medios más pequeños de la gama Special equipados con el motor más potente que disponía la marca en este momento, el V8 de 5,3 litros (322 ci). El objetivo era ofrecer un auto de altas prestaciones.

Esta nueva serie Buick, que incluía un sedán de cuatro puertas, un coupé, un cabriolet y un station wagon denominado Caballero, se mantuvo en el mercado hasta 1958, recibiendo anualmente los habituales cambios cosméticos y alguna que otra mejora mecánica, la potencia creció de los 236 cv hasta los 300 de 1958. En ese año el modelo Century fue interrumpido una vez más, hasta el periodo 1973-1997 y desde 2005, aunque esas son otras historias. El Century tuvo dentro de su casa a su principal rival con el Oldsmobile 88. Fue un coche muy apreciado por la Patrulla de Carretera de diversos estados de unión.

Este bonito y llamativo modelo, fabricado por la casa americana True Scale Miniatures, la cual apenas lleva un año fabricando miniaturas de coches en escala 1/43 (hasta ahora se había dedicado a la fabricación de accesorios para modelistas y elementos para dioramas), ha tenido una irregular irrupción en el mercado por una extraña distribución entre las tiendas habituales. Pero como viene siendo habitual se trata de una miniatura con un gran nivel de acabado. Hasta ahora sólo había mostrado modelos de Rolls Royce realizados por este fabricante pero lo cierto es que el Buick me resulta extraordinariamente satisfactorio, recomendándolo a todos los coleccionistas que se interesen por las reproducciones de este tipo de automóviles.