miércoles, diciembre 16, 2009

TVR Griffith 200 de Spark






Trevor Wilkinson fundó su empresa de coches deportivos en 1947 y no fue hasta 1958 cuando su primer modelo vio la luz. El TVR Grantura fue un coche de gran maniobrabilidad que muy pronto se ganó el cariño de los auténticos entusiastas del motor. En 1962 el vendedor de repuestos Jack Griffith quedó maravillado de ver los excelentes resultados que ofrecían los pequeños Grantura equipados con potentes motores americanos V8 en las carreras del mítico circuito de Sebring, concretamente uno conducido por Mark Donohue y Jerry Saegerman equipado con el motor Ford de un AC Cobra.

Inmediatamente Jack Griffith entró en contacto con TVR y le propuso vender los TVR sobrepotenciados. De esta forma nació el TVR Griffith 200 basado en el Grantura MK III. El motor inicial MG de 1,3 litros y cuatro cilindros se sustituyó por un Ford V8 289 de 4,4 litros y 270 cv y no hay que ser un lince para intuir las prestaciones que proporcionaba a un coche de apenas 600 kilos de peso, lográndose aceleraciones de 0 a 100 en 5,7 segundos y alcanzando la nada despreciable velocidad de 250 Km/H. La principal diferencia estética entre un Grantura y un Griffith eran la gran protuberancia de su capó y sus formas más musculosas.

No obstante, la combinación del pequeño TVR con un motor V8 no resultó todo lo satisfactoria que se esperaba, pues pronto se evidenciaron problemas en el sistema de refrigeración y en el equipo de frenos. La distribución de pesos del conjunto motor-transmisión con el chasis dieron a lugar a un coche extremadamente potente, muy rápido en línea recta pero totalmente ingobernable, nada que ver con la agilidad del Grantura con motor MG. al Griffith 200 le siguió el 400, basado en el Grantura MK IV. Con apenas 300 ejemplares construidos, un TVR Griffith resulta hoy día un coche muy buscado por los coleccionistas.

Tras un par de versiones del Grantura, Spark presenta este simpático y bonito Griffith el cual resalta de su hermano pequeño por sus líneas más gruesas y abultadas. Las formas del coche, el característico diseño tipo midget de los TVR, están muy bien reproducidas, a las que se añade los logrados adornos en fotograbado. El color elegido, un British Racing Green solido, resulta muy apropiado para este coche. El interior es negro pero destaca un muy trabajado cuadro de instrumentos. En definitiva, toda una tentación para los coleccionistas amigos de los clásicos ingleses y una miniatura única al no haber sido reproducida por otro fabricante.

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