martes, julio 15, 2008

Ferrari 250 GTO 1962 de Kyosho








Posiblemente se trate del Ferrari más admirado y reverenciado por los coleccionistas y son dos factores los que contribuyen a ello. Por un lado, sólo se produjeron 39 ejemplares y, por el otro, cuenta en su haber con uno de los palmarés deportivos más impresionantes vistos en un coche. 


El nacimiento del 250 GTO se debe, como en otros muchos casos de Ferrari, al universo de la competición automovilística. La FIA quería poner el freno a la hegemonía del Cavallino Rampante en la categoría Sport, por lo que decidió que en esta modalidad deberían correr vehículos Gran Turismo derivados de los deportivos de calle. A priori, parecía que Jaguar y Aston Martin, las dos grandes rivales de Ferrari, ya se frotaban las manos ya que con sus E-Type y DB4 GT se las prometían felices, pero 'Il Commendatore' supo reaccionar a tiempo reuniendo a un equipo de trabajo de primer orden integrado por Giotto Bizarrini, Sergio Scaglietti y Carlo Chiti, cada uno encargado de una de las partes del coche. 

El punto de partida fue el chasis corto del modelo 250 GT. Bizarrini diseñó una carrocería espectacular y de gran eficiencia aerodinámica, Scaglietti la fabricó en su taller de la Vía Emilia de Módena con paneles de aluminio y Chiti le colocó un motor V12 del tipo Colombo, de 3.0 litros -como en toda la serie 250- y que con las modificaciones oportunas llegó a erogar la apabullante cifra de 290 cv. Su denominación, GTO, quiere decir 'Gran Turismo Omologato', homologado para correr el Campeonato de Sport. 

El coche obtuvo victorias en carreras como Sebring, Targa Florio, Spa o Le Mans y Ferrari consiguió los campeonatos del mundo de GT de 1962, 1963 y 1964. En 1964 se remozó el modelo GTO y se le dotó de una carrocería de vías más anchas, similar a la que montaría un año después el 250 LM. También hubo versiones del GTO dotadas de motores Lampredi de 4.0 litros. Si bien el 250 GTO se sentía como pez en el agua en los circuitos, era posible circular con él por las carreteras con total normalidad.

La miniatura que presenta Kyosho corresponde a un modelo de la primera serie de 1962, con la carrocería de Giotto Bizarrini. Con este modelo la firma japonesa de miniaturas pone el punto y final a su tan valorada serie de Ferraris en 1/43, ya que los próximos modelos en llegar serán algunas variantes de color de modelos ya existentes. El coche posee un conjunto de detalles verdaderamente espectacular tanto en el interior como en el exterior. En lo que a la apertura del capó se refiere, destaca la reproducción de los clásicos pestillos cromados y las correas de sujección. El motor está muy bien reproducido pese al tamaño que suele tener un coche en escala 1/43 y se ven bien algunas piezas como las trompetas de admisión del aire de los carburadores, entre otras. Son también reseñables las llantas tipo Borrani de radios independientes, los juegos de venanillas de aireación, la rueda de repuesto auténtica fijada en el maletero con un juego de correas, la gran palanca de cambio con su rejilla, los baquets de color azul, los paneles de aluminio en el interior o el clásico volante Nardi de madera con tres radios. Una miniatura en la que Kyosho parece haber echado el resto y que hará las delicias no sólo de los coleccionistas de Ferrari, sino de cualquier amante de los coches en miniatura. Cabe destacar también que la marca Kyosho ha sabido captar muy bien las curvilíneas formas de este automóvil.

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